DESDE LA LIBERALIZACIÓN HASTA NUESTROS DÍAS: REGULACIÓN, INNOVACIÓN, INDUSTRIA Y EMPLEO

 

A partir de mañana  3 de Noviembre, se celebra en Madrid, en el edificio de Telefónica en Gran Vía,  el Congreso HISTELCON 2010, organizado por el IEEE y la AEIT, sobre historia de las telecomunicaciones.

Para este evento, mi amigo y colega José Luís Machota Vadillo y un servidor, hemos preparado una ponencia con el título “De la liberalización a nuestros días: regulación, innovación, industria y empleo“”, crítica con el modelo que nos ha llevado la situación actual en nuestro sector, que presentamos el día 4 de Noviembre a las 11.30.

Mi obligado reposo postoperatorio tras la intervención quirúrgica en mi mano izquierda, me impide estar allí, así que lo que iba a ser un alegato a dos voces sobre una oportunidad perdida y la necesidad de cambiar las cosas, tendrá que ser sólo a una, la de José Luís, aunque la reflexión y el trabajo haya sido conjunto.

La organización nos limitó el trabajo a diez páginas, y a ello nos hemos ceñido.  Aquí queda, en este humilde blog.  Mi agradecimiento a quien le interese y más a aquellos a los que les sugiera algo y lo escriban.

EL AYTO. DE MADRID NECESITA LIQUIDEZ, ¿ALGUIEN SABE A QUÉ RECURRE?

Las entidades locales andan arrastrando problemas financieros como consecuencia de la difícil situación que atravesamos. En mi ciudad, , Majadahonda, sin ir más lejos, y para arreglarlo, nos han pegado un subidón del IBI del 180% en los últimos tres años, con un partido gobernando que hace gala de que no es bueno subir impuestos (¡?).

En este sentido, la falta de liquidez ha llevado a los responsables de la Concejalía de Hacienda del Ayuntamiento de Madrid a buscar nuevas formas de obtener ingresos sin que, en teoría, les afecte a sus habitantes. Madrid es una de las ciudades más endeudadas de España, y, de las que superan el medio millón de habitantes, y tras Sevilla y Barcelona, la que más grava a sus ciudadanos. ¿A qué creen que han recurrido para salir del agujero?. No se devanen los sesos con ideas imaginativas. Es de lo más simple y habitual:  a elevar a los operadores de telefonía las tasas que ya pagan, de forma que la recaudación por este concepto crezca nada menos que un 36%.  Se grava el uso del espacio público que utilizan sus tendidos y antenas, incluido el subsuelo.

Decisión que no hace sino aumentar un poco más la presión impositiva de todo tipo que están asumiendo nuestros operadores, que, una vez más, justifica el recorte de gastos, o el incremento de tarifas, en que están metidos para poder ganar lo que deben.  Nada que no sepamos ya.

Es justo decir que este aumento de la presión recaudadora del ayuntamiento de la capital está enmarcado en una excelente relación del área de Economía y Hacienda con nuestras telecomunicaciones, consecuencia de la aplicación del plan “Madrid 2012: Ciudad en Red” que se elaboró en colaboración con el COIT en la etapa en la que quien esto escribe era Decano, que está llevando a nuestra capital a una buena incorporación a la SI.

Lo malo es si el ejemplo cunde, lo que no es nada difícil, y todos las administraciones locales con problemas financieros, que son muchas, le pasan “el cepillo” a los operadores vía este incremento de lo que ya pagan por usar espacios públicos, en una versión de andar por casa de lo que sucedió cuando los gobiernos europeos, todos a una, decidieron imponer unas recaudaciones millonarias a los operadores que quisieran hacerse un hueco en el negocio de la telefonía móvil en 2001.

Pero como los operadores lo aguantan todo y continúan ganado dinero, pues a por ellos, que para eso están. Si no, al tiempo.

UNA SOLA PATRONAL EN EL SECTOR TIC, ¿ES ESTO BUENO?

El próximo jueves 28 tendrá lugar el almuerzo de presentación de una nueva asociación, producto de la fusión entre AETIC y Asimelec.  Hace tiempo, ANIEL y SEDISI se unieron para formar AETIC, y ahora AETIC y Asimelec lo hacen  para llegar a una única patronal en el sector TIC.

Se logra así que, cada vez más, pueda afirmarse que esta futura única patronal reúne a todas las empresas del sector TIC. No creo que esto suceda en ningún otro sector, lo que supondría un éxito logrado con el paso del tiempo, pues bajo un único paraguas se aglutinan todas las empresas de un mismo macrosector como aquí, desde los que fabrican componentes hasta quienes prestan servicios, como los operadores, pasando por los que diseñan y producen equipos y sistemas. En AETIC, y ahora más con esta fusión que se va a presentar en sociedad, estará toda la cadena de valor del sector.

Que conste, para quien no lo sepa, que quien escribe esto fue vicepresidente de ANIEL y presidente de su grupo de Electrónica Profesional durante casi diez años, y que tengo un alto aprecio a nuestra patronal, a sus ejecutivos,  y a Jesús Banegas, que fue el presidente durante esos diez años, al que deseo lo mejor en su intento de presidir la CEOE. Ellos lo saben. Quien me conoce sabe que mi recuerdo de aquella época es imborrable.  Creo que AETIC está haciendo un buen trabajo, pero que precisamente en su éxito están sus limitaciones. Y lo mismo me sucede con Martín Pérez, presidente de Asimelec, con quien tuve y tengo una excelente relación tras mis años de colaboración con ellos siendo Decano del COIT.

Ya en aquella época, cuando era vicepresidente, opinaba lo que opino ahora. Que lo bueno que tiene AETIC es que están representadas todas las empresas y que lo malo que tiene AETIC es exactamente lo mismo,  que todas las empresas están representadas.   No voy a detenerme en los efectos positivos que tiene que estén todas alrededor de una única patronal, que probablemente sean muchos. Pero el efecto negativo que supone una tan enorme confluencia de intereses, muchos enfrentados,  hace que ninguno llegue a defenderse abierta y públicamente, y esto es tan importante que, a mi juicio, compensa y supera  los efectos positivos anteriores.

Mi opinión es que una organización de este tipo, que no recoge aspectos laborales clásicos, debe defender intereses concretos, cuanto más definidos mejor,  y que debe hacerlo llegar a la opinión pública, a los poderes públicos, y al poder financiero con nitidez, sobre todo cuando le va la supervivencia en ello, proponiendo soluciones  al margen de lo que hagan otros. Y que esto es lo más importante de una patronal, pues de esa capacidad por diferenciar sus problemas y soluciones nace el sentido de estar juntos.  Algo de esto saben en REDTEL.

Esto en la nueva patronal no va a suceder. No viene sucediendo, pero ahora va a suceder menos todavía.  Estarán representadas, entre otros muchos perfiles,  las empresas de componentes, de electrónica industrial, de informática, de contenidos, las consultoras, los fabricantes de equipos y sistemas, y los operadores.  Vaya lío para sacar intereses que todos puedan defender al tiempo, salvo pedir que todo vaya bien.

Pongamos algún ejemplo.    Uno. Muy a menudo,  la estrategia de los operadores ha condicionado al resto.   Por supuesto,  ha dificultado enormemente la existencia de empresas de telecomunicación en nuestro país. Y los problemas de éstas han hecho que la contratación de componentes electrónicos haya caído.     Otro. Unos tienen como objetivo, porque es la esencia de su negocio, que se valore el valor añadido español en productos y sistemas y el impulso de la demanda temprana, mientras que otros, dentro del mismo club, tratan de mirar para otro lado, pues lo que de verdad hacen es importar su producción. Una amalgama de intereses que impiden que muchos asuntos y posicionamientos salgan adelante, por el simple hecho de que a otros no les beneficia o les da igual.

Ya en aquella época en que yo fui vicepresidente intenté desde dentro de la Junta Directiva, sin éxito, que ANIEL fuera una federación de asociaciones. Me costaba defender los intereses de empresas genuinamente españolas frente a los que representaban las multinacionales de entonces.  Propuse que cada uno de los diferentes grupos que entonces formaban ANIEL, entonces cuatro, se convirtieran en asociaciones, que defendieran con nitidez sus intereses, pues requerían respuestas, decisiones y negociaciones específicas.  Y que, después, existiera una federación de todos, con una ANIEL fuerte que nos uniera. No lo logré entonces, pero ahora, con siete grupos, y los que se creen después de la fusión, las cosas están igual o peor que entonces.

Es muy probable que, por ejemplo,  si hubiera habido una asociación centrada en la industria de telecomunicaciones solamente, sin los operadores, las empresas hubieran defendido más y mejor su situación de partida, y no hubiera sido tan fácil pasarles el muerto de la crisis de nuestro sector en 2001 como hicieron entonces los operadores, con los actuales resultados.  Hubiera habido una sola voz, nítida, ante la sociedad y ante las Administraciones, locales, nacional y europea,  que habría denunciado la situación y se habría enfrentado con ella con más claridad, y no habría pasado sino lo razonable.      

O que la defensa del valor añadido español, del diseño y la fabricación en España, ese que casi se ha perdido,  hubiera sido más coherente defenderlo desde una asociación que incorporara básicamente a las que tienen este interés.  

Sin que todo ello no significara que, en el seno de esa federación se sentasen todos  a trabajar para lograr lo mejor para el conjunto.

 Yo he echado en falta defensas fuertes de intereses concretos en nuestro sector, menos aceptación ante lo que sucedía, y más exigencias ante la opinión pública y ante la sociedad.

Así que , en  mi opinión, en esto no hay que “centralizar” tanto, y pasar a “descentralizar” inteligentemente, para lo que vuelvo a desenterrar la idea federativa  que hace ya más de catorce años propuse. Nunca es tarde. 

Entretanto, seamos algo críticos ante estas fusiones, que siempre es sano.

LA CAPACIDAD DE DECISIÓN DE NUESTROS POLÍTICOS

              Una cuestión de la que creo que debemos ser todos conscientes es de los condicionantes externos que, en el conjunto de la sociedad, pero también en nuestro sector, tienen nuestros políticos  a la hora de conducir las cosas a lo que ellos consideren mejor para el bien común, que no es sino, básicamente,  el del conjunto de los ciudadanos que les eligen.

                En un artículo que he leído hoy en El País de Joaquín Estefanía destaca que “en la globalización, los políticos tienen menos capacidad para influir en el bienestar”.  Completamente de acuerdo. Quedan atrás esos días en que quienes tomaban  decisiones en el poder ejecutivo, a cualquier rango, lo hacían de acuerdo con parámetros que ellos dominaban y controlaban. No me extiendo en esto, pues a la vista están todas las decisiones que se han tomado en el último año por imposición de otros, sean el FMI, los “mercados”, o el sursum corda.

                Nosotros,  en nuestro sector, además de todo lo anterior, pues la globalización aquí es de mayor calado, hemos creado nuestro particular “poder” en los organismos reguladores nacionales, que condicionan el conjunto y hace inviables decisiones que el bien común hubiera necesitado.

La pregunta es si los niveles políticos ejecutivos en nuestros países tienen la suficiente capacidad para llevar las cosas a lo que ellos puedan creer que más beneficia al conjunto de la sociedad. La respuesta es no.

A la vista está: tras seis años como Secretario de Estado de Telecomunicaciones, Paco Ros nos dejó sin poder hacer lo que él hubiera querido, dejar el sector en mejores condiciones, y tratando de hacerles ver  a sus homólogos en los demás países de la UE  que este no era el mejor camino para beneficiar a nuestras telecomunicaciones y a la sociedad.  El parón inversor que sufrimos y el lamentable estado de los operadores europeos  (por ahora con Telefónica salvándose), que viene de antes de la crisis actual, no es algo que a nuestros políticos dedicados a las telecomunicaciones les guste. Podríamos estar mucho, pero que mucho, mejor, de haberse hecho las cosas de otra manera.  Pero no estaba lo suficiente en sus manos,  sino sobre todo en las de los reguladores.

A los organismos reguladores les preocupa el usuario, y nada más. Están para eso.  Los políticos están para atender el bienestar de los ciudadanos. Aunque sea verdad que  muchos de estos ciudadanos sean,  además, usuarios de las telecomunicaciones. Pero las decisiones de aquellos, los reguladores,  impiden el trabajo de estos, y,  por resolver un problema parcial del ciudadano, el precio de los servicios, desatendemos otros de mucha mayor importancia, como impulsar la innovación, o fomentar la industria y el empleo.

Creo que no está en las manos de ningún político, por muy bueno que sea, como era el caso de Paco Ros, y es el de su sucesor, Bernardo Lorenzo, la puesta en marcha de estrategias de impulso a un sector condicionado por unas reglas cambiantes que solo persiguen que los precios caigan. ¿Qué político puede planificar actuaciones para retener a empresas que no tienen claro en escenario en que deben desarrollar su negocio? ¿Y para que inviertan lo que deben y se necesita? ¿Qué políticos pueden poner en marcha medidas para atraer a nuevos inversores que arriesguen en un sector en el que la obsesión por bajar precios condiciona los beneficios del riesgo adquirido?.  ¿Tiene mucho que ver la defensa de la competencia con una imposición sobre los precios del calibre de la que llevamos disfrutando desde hace 12 años?.

Dos pinceladas para demostrar lo anterior.

El avance de la administración electrónica en el seno de la propia Administración depende solo de la voluntad política y de la valía de quienes están ahí para gobernar.  La ONU ha premiado a España por sus avances en administración electrónica, en lo que ocupamos, como país, uno de los primeros lugares a nivel mundial.  Otra cosa es que el ciudadano esté participando, algo que tenemos que resolver y con urgencia.  Pero, como estaba solo en las manos de nuestros políticos, y solo de ellos y teníamos, y tenemos, un buen equipo en nuestra SETSI,  hemos avanzado con claridad en la adecuación de la propia Administración para lo que se nos depara el futuro.

 Y algo parecido ha sucedido con el cambio a la televisión digital,  con un buen trabajo que ha permitido llevar las cosas a buen puerto y que tengamos una industria puntera y competitiva a nivel mundial.

Mi opinión, una vez más, es que deberíamos reflexionar sobre donde deberíamos estar y dónde estamos, sobre los motivos del fracaso del modelo, sobre el pobre empleo que tenemos en un sector que no estaba llamado a tenerlo, y sobre el vacío industrial que tenemos alrededor de los operadores. Y pedir que se relajen las normas regulatorias a solo las propias de la defensa de la libre competencia, como sucede en cualquier otro sector.

UNA SEMANA PARADO

Quien tenga la sana costumbre de seguir este humilde blog habrá notado un silencio superior a lo razonable, de más de una semana sin entradas. La causa no es otra que un percance que me ha impedido dedicarme a ello. Una desafortunada caída me llevó, el lunes pasado, con una maltrecha muñeca izquierda, al servicio de urgencias del Hospital Puerta de Hierro de Majahonda, del que salí el jueves y al que tengo que volver, para operarla y dejarla en condiciones, el próximo jueves 28 de nuevo.

Ahora, con solo una mano para escribir, menos mal que la derecha, retomo este humilde blog hasta el jueves, y ya veremos qué me depara la cirugía para los siguientes días.

QUIEN NO CONOCE LA HISTORIA, ESTÁ CONDENADO A REPETIRLA

Durante la presentación del libro de Miguel Vergara, Javier Nadal destacó que recogía el periodo entre las dos últimas crisis, la de las empresas “.com” y la que ahora padecemos.  Reflexión que me animó a escribir esta entrada.

Por cierto, el libro de Miguel podéis leerlo aquí Crónicas de un teleco impenitente.

Es mi opinión que las crisis que ha sufrido nuestras telecomunicaciones tienen poco que ver, aunque estén relacionadas, con la que sufrieron las punto.com o la actual.  Y que es un error pensar que lo estuvieron, pues distorsiona la realidad e impide sacar conclusiones que nos sean útiles para el futuro de nuestro sector, que tiene peculiaridades específicas que no tiene el conjunto de la sociedad.   

Como nos recordó Bonaparte, “aquel que no conoce la historia está condenado a repetirla”, y es bueno que sepamos los orígenes de “nuestras” crisis para sacar conclusiones y modificar modelos. Saber porqué las cosas están como están, qué ha pasado para que estemos como estamos.

La  crisis de las empresas “.com” se inició en 1999, con la desconfianza generalizada sobre unos resultados de las empresas, y un retorno de las inversiones, que no llegaban. Entre  Marzode 2000 y  Octubrede 2002, el Nasdaq de Nueva York perdió un 70% .

 Pero la que sufrieron las operadoras de telecomunicación no tuvo su origen en esta desconfianza hacia las empresas que habían surgido al amparo de Internet, aunque algún efecto colateral existiera.

La que provocó una parálisis inversora como no se recordaba antes por parte de las operadoras europeas fue provocada por los gobiernos europeos cuando, ávidos de ingresos para las arcas públicas, descubrieron una gran oportunidad con la concesión de licencias de UMTS.  Aunque más bien habría que decir que la concatenación de hechos, que llevó finalmente a la crisis, fue la siguiente: 1. Pelotazo de los gobiernos a costa de los operadores de telecomunicación, que eran precisa y paradójicamente los que estaban llamados a liderar el despegue tecnológico de Europa. 2. Asunción, por parte de las empresas, de que la única forma de estar en el mercado era conseguir una licencia, lo que suposo que se endeudaran hasta las cejas. 3. Reducción drástica de los gastos y de las inversiones para hacer frente a los compromisos adquiridos y recuperar la cuenta de resultados (lo que entonces se llamó “hacer los deberes).  4. Crisis en el sector ante la inexistencia de inversiones, contratos y actividad económica (lo que se llamó pasarle la pelota al resto de la cadena de valor).

Eso fue lo que paso en el año 2000.  Que coincidiera con la ruptura de la burbuja de las “.com” no quiere decir que esa haya sido la causa. Lo que deberíamos aprender es la poco estimulante  influencia de los poderes públicos en nuestro sector, que siempre han visto en las empresas de telecomunicaciones una fuente de ingresos para las arcas públicas, y casi solo eso. Lo demuestra la enorme cantidad de tasas que les llueven desde todas las administraciones en España, que no detallo para no alargarme, y el intento fallido de hacer que financien parte de la televisión pública. Deberíamos haber sabido, en 2000, que estábamos penalizando a unas empresas que estaban llamadas a tirar del tren del progreso, y que pasaron a posiciones conservadoras hasta que reordenaran sus cuentas de resultados. Y ahora no olvidar que esto fue así para no seguir tropezando en la misma piedra.

Esa fue la primera crisis.

La segunda está ocasionada por el modelo regulatorio que estamos siguiendo.  Lo que, al principio, fue razonable y soportable, y lógico, al cabo de los doce años se convierte en barrera infranqueable para quien quiere obtener beneficios a sus inversiones, que es lo razonable. No es la crisis mundial que vivimos la que genera la crisis en nuestro sector. Aunque la demanda haya bajado, es el descenso impuesto de precios y la obligación de compartir redes, sean estas cuales sean, lo que genera la contracción inversora que padecemos.

En este cuadro, INVERSIÓN EN EL SECTOR Y TASA DE VARIACIÓN INTERANUAL que recoge las inversiones en los últimos doce años, se aprecia con nitidez lo anterior, tanto la primera crisis como la segunda.  

Así que seamos serios: no estamos en Europa apostando por este sector para liderar, a nivel mundial, la tecnología y la sociedad digital. Más bien lo contrario.  Las crisis las provocamos nosotros.  ¿Algún día apoyaremos en Europa a nuestras empresas, dejaremos de “azotarlas”, las dejaremos que operen sin trabas y que generen ingresos para el Estado vía beneficios, empleo, innovación,  inversiones e industria como debe ser?  Otra cosa es que, a continuación, las empresas respondan. Pero eso viene después.

¿QUÉ ES BANDA ANCHA?

En términos de conectividad, últimamente nos intimidan con lo que está por venir.   ONO ya puede dar  50 megas a la mitad de su planta instalada, y avisan de que, con la tecnología instalada, pueden alcanzar los 200 megas. Telefónica, por su parte ya anuncia los 100 megas y Vodafone le sigue a la zaga. Nos cuentan, además, que pronto será posible gobernar los negocios desde el coche gracias a una conectividad enorme desde el vehículo.

Todo esto parece algo inalcanzable, con lo que, por desgracia, no podemos soñar una enorme mayoría de mortales. Yo, por ejemplo, estoy rodeado de casi cuatrocientos vecinos que no reciben ni un mega, y  he conseguido, con dificultad, llegar a los 2,8, sin que, ni ellos ni yo, vislumbremos grandes avances en un futuro próximo.

Pero todos estamos incluidos en las estadísticas oficiales en lo que se refiere al alcance de la Banda Ancha en España.  Se afirma, en una dificil combinación, que tenemos una oferta  de infraestructuras de sobra para la demanda que existe, y, al tiempo, se nos avisa de que estamos a punto de saturar las redes.

La pregunta sería, para empezar, ¿qué debemos considerar Banda Ancha?. Con la impresionante velocidad con que cambian las cosas en este sector, ¿cómo podemos aceptar que todo, desde 20 megas a 0,8 megas, entre en el concepto de Banda Ancha? ¿Dónde ponemos el límite para que las estadísticas representen lo que de verdad queremos decir: que existe un acceso a Internet en la gran mayoría de los hogares  capaz de soportar los servicios y aplicaciones que actualmente demanda el ciudadano,  y lo que está llegando. Por ejemplo, y como referencia,  que es posible descargar un video de YouTube en HD sin tener que sufrir permanentes parones en la descarga de imágenes?.

Ayer asistí a la presentación del número 5 de la revista de Telefónica sobre Política Económica y Regulatoria en Telecomunicaciones. (Aprovecho para destacar el alto nivel de contenidos de la mencionada publicación). En esa presentación tuve la oportunidad de escuchar a la española Raquel Noriega, actualmente Directora of Strategic Partnerships de Connected Nation, empresa sin ánimo de lucro en EEUU. Sin entrar en detalle en su intervención, pero destacando el interés de la misma, sí viene a cuento su reflexión sobre este asunto de qué es Banda Ancha. Nos comunicó Raquel a quienes aún no lo sabíamos, pues doy por hecho que otros sí lo sepan, que esta pregunta se la ha hecho la FCC a la hora de redactar su informe “National Broadband Plan: Connecting America”.   Y que están considerando que ninguna conexión de menos de 3-4 megas pueda considerarse “banda ancha”.

Ya tenemos una referencia: 4 megas. Como todo lo que la FCC asume acaba llegando a Europa, empecemos por hacernos a la idea y demandar 4 megas en los hogares.

¡Logremos 4 megas para la inmensa mayoría de los hogares!.  Los que aún no tenemos ni eso, muchisimisimisimos, no queremos, por ahora, llegar a más. Y, mientras tanto, por favor, que no nos incluyan en las estadísticas a los que estamos por debajo de 3 megas. Sería un buen principio.